jueves, 23 de enero de 2014

E.

Hola, te acuerdas de mi? Soy yo, Maria, tu angelito, tu niña bonita, la gitana mas chunga de todos los poblaos, la niña buena que te ayudaba a estudiar.. Esa a la que mirabas con ojos de amor y le dabas abrazos de oso.. Aun no?
Soy esa que te dejo una noche por ese chico moreno de ojos verdes, guapo y que juega en el Granada, que ahora pasa de ella y la usa como un juguete. Esa que te hizo llorar, la que te saco de ese tunel y a los pocos dias te volvio a hundir en él. Ya si te acuerdas, verdad?
Pues me pasaba para decirte que yo si te recuerdo, y cada dia que pasa me duele mas haberte hecho tantisimo daño, a ti, a ese que fue capaz de dejar el tabaco por mi, el que partia bocas solo para ver la mia sonreir.
Solo decirte que te quiero y espero que un dia puedas perdonarme.

Adiós, cariño.

M&E

miércoles, 22 de enero de 2014

Nueve de treinta y seis.

Mi primera sesión de quimio.
No tenía miedo. Ni dolor. Ni ganas, las cosas como son.

Todo el mundo a mi alrededor era mayor. Tenían el gesto cansado, y la mirada apagada. Estaban pálidos, delgados y callados. Muy callados. En este momento fue cuando me entró el miedo. Yo no quería ser una sombra de lo que era en ese momento, yo no quería apagarme. Yo no quería engordar, no quería meterme en la cama una semana entera, no quería llorar, no quería sufrir.... Y como no quería, no lo hice.

Esperé paciente las famosas náuseas de las que todo el mundo habla. No vinieron. Noté el estomago revuelto, pero para mi que eran los nervios que veían acercarse al veneno.
El doctor me recetó unas pastillas para evitar los vómitos. ¿Más mierda? Pensé. Y las fui almacenando. Cada sesión me daban 3.
Llevo 9 almacenadas. Nueve de 36..

martes, 21 de enero de 2014

Como explicarte que me dejaste como la leonera de Pompeya.

Live, love, laugh.

A veces tengo que sentarme en una silla y cerrar los ojos porque el mundo a mi alrededor da vueltas. Porque la vida no para y sin embargo siento la necesidad de hacer un stop, de pararme a mirar todo lo que he pasado y todo lo he dejado atrás. Tengo que asimilar los cambios del último año. Mi enfermedad. Mi soledad y mi decepción con la humanidad. Y tengo que hacerlo, porque hay veces que no comprendo porque estoy dónde estoy y cómo estoy. No me siento yo. Algo me falta. 
Necesito entender que he tenido que perder para ganar. Que he tenido que renunciar a ciertas cosas para ganar otras. Renuncié a lo que era para poder tener un seré, para seguir viviendo. Y me ha compensado, claro, pero voy más despacio de lo que me había imaginado.  

'Seis meses y se acaba todo.'

Tras un golpe brusco y seco las cartas están encima de la mesa. Lo que hay es lo que ves. Por primera vez en mi vida no tengo otra opción, al menos real, dejarse morir, ni en este ni en ese momento fue una opción.

La doctora, acostumbrada a moverse entre hileras de vidas colgantes, ni se inmuta al decir su discurso.
En ese momento pienso en todas las veces que habrá dicho esas mismas palabras. En toda la gente que pasó antes por esa silla...

Me cuesta recordar el momento en el que me dijeron que tenía cáncer. Creo que había tantas emociones distintas en el ambiente que la noticia se entremezcló con ellas y escapó por la puerta en cuanto pudo; sin embargo recuerdo perfectamente que la doctora me dijo que me iba a curar.
Después de eso pasó a enumerar todos los efectos secundarios de la quimioterapia, impasible, como quien te vende un abrigo para el invierno.
En mi mente el cáncer pasó a ser un mero espectador de la devastación que produciría la quimioterapia. Iban a curarme de una cosa a costa de muchas otras; sin embargo no paraban de repetirme las mismas palabras. Como loros.

Y me engañaron.

Seis meses y te olvidas.
Seis meses y como nueva.
Seis meses y esto será solo un mal recuerdo.
Seis meses y estarás como si nada.
Seis meses y te reirás de todo eso.
Seis meses y volverás a tu vida diaria.
Seis meses y se acaba todo María.
Seis meses.
Seis meses.
Seis meses.
Seis meses.

Como si seis meses no fueran nada a los dieciocho años.
Como si fuera abrir y cerrar los ojos un par de veces...
Como si no fuera a perder.
Como si aquello solo fueran "días".

Todo suicida tiene su noche de éxito.

Mayo. Calor. Amor. Tú.
El calor me trae un aire parecido al de Mayo, me recuerda a tu olor. Me recuerda a todas las veces que te he abrazado y me he perdido en ti.
Por fin empieza el frío. Por fin ha llovido, y la lluvia ha limpiado parte de mí.
Ya no sudo, ya no parece que todo está vivo. Septiembre se solidariza conmigo y me limpia, se lleva tu olor y me trae nubes para que no pueda ver el cielo.
Por fin puedo esconderme en mi bufanda y hacerme una bolita bajo la manta buscando calor. MI calor.
Ya no necesito tu sudadera, no necesito estar en tus brazos para buscar la temperatura perfecta. Aprenderé a sobrevivir yo sola.
Aprenderé a caminar con mis pies sin que me importe si hay nubes o no, pero aprovecharé cada vez que llueva para llorar, así nadie lo notará y podrá parecer que soy fuerte. Así nadie volverá a entrar en este corazón.
Llega el frío, y aquí me tiene. Lo espero para que me haga una capa de hielo en el corazón. Así primero tendrán que hacerme entrar en calor, y ya no me fío. Ya no me fío de nada que huela a ti.
El frío me servirá de tirita y me curará, ya lo verás. No volverás a verme triste. No volverás a verme sentir nada. Porque los corazones helados no laten. Porque la sangre helada no corre. Porque empiezo a necesitar tu calor.
¡Hiélame, rápido! No quiero volver a caer. Mátame lentamente, pero que no lo haga el amor.
No pienso morir por amor, no quiero volver a ser una suicida.
De todas formas, a todo suicida le llega su noche de éxito.

La cuenta atras del corazón

Me despierto un día más con tu suave recuerdo, he vuelto a soñarte.
Llevo más de cien días soñando contigo, vuelves a ser mi pesadilla más difícil, el veneno que me gusta, una calada de mi droga favorita, tú.
Llevo más de cien noches olvidándote, pero sólo unos días. Igual que estuve quinientos amándote.
Llevo noventa noches pensando en ti.
Llevo ochenta noches buscándote en mis sábanas.
Llevo setenta días con la esperanza de que volverás.
Llevo sesenta días con el corazón en reparación.
Llevo cincuenta días maldiciendo.
Cuarenta con pesadillas.
Treinta durmiendo a base de vicios.
Veinte en los que me duermo sin querer.
Diez en los que me despierto en tu horario.
Cero descansando.